Vivir en el “mientras tanto”

 

Me había estado preparando torcidamente para algo parecido a esto. No me consolaba ni me justificaba con ello, pero sí me permitía regodearme en la extrañeza, que roza siempre un sentido poético algo estúpido, y desde ahí aventuraba que se trataba tan solo de un “mientras tanto”

Desde que leí el libro “La trabajadora”, quería conocer a su autora. Las  gestiones con su editorial y con la propia escritora se han traducido en una entrevista que publicaremos en la revista “Noticias Obreras del mes de marzo. Elvira Navarro aparece ya con cierta frecuencia en los suplementos culturales y en las reseñas literarias. Su última obra le ha servido para que la consideren una “escritora comprometida”, una “promesa” y una de las voces más “personales” de nuestras letras.

El libro me cautivó por la esmerada descripción de las calles de la periferia de Madrid, por la serena rabia con que profundiza en la precariedad laboral y la ausencia de prejuicios sobre la fragilidad mental. Pero si hay algo que sobresale en la novela es el cuidado con que se adentra en las expectativas rotas de sus protagonistas. La inseguridad y el riesgo, como una fuga de agua inadvertida en las tuberías de un cuarto de baño que debilita silenciosamente la estructura del edificio que habitamos, causan estragos en nuestros más preciados sueños. Elvira Navarro nos lo cuenta con una mirada cargada de intención, para que no olvidemos que el desorden se ha instalado entre nosotros. No nos quedan más salida que hacerle frente creativamente y asumirlo con dignidad. O sucumbir.

“En lo que duraban estos viajes por calles de las que luego guardaba una memoria nítida, aventuraba soluciones, como la de alquilar un cuartucho del apartamento, antiguo vestidor, para desahogarme económicamente; no obstante, enseguida me daba cuenta de que no quería a nadie en mi casa, y de que además me había instalado en una paradójica familiaridad, pues todos mis másteres y mis estancias en el extranjero se revelaban como una negación anticipada de lo que me ocurría. Es decir; que me había estado preparando torcidamente para algo parecido a esto. No me consolaba ni me justificaba con ello, pero sí me permitía regodearme en la extrañeza, que roza siempre un sentido poético algo estúpido, y desde ahí aventuraba que se trataba tan solo de un “mientras tanto”. (“La trabajadora”, págs. 47-48)